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Una leyenda diferente - III concurso de relatos

Os dejamos a continuación con el último de los relatos presentados al III concurso de relatos de Sant Jordi. Esperamos que hayáis disfrutado de todos ellos.

El relato se titula Una leyenda diferente y está escrito por Sethelan.

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[Comlog status: Online]
[Seguridad/Firealls: Avtivos]
[Accediendo a holodiario personal]
Nombre: Jorge de Capadocia
Último registro: 23 de abril de 2185


Aún no se que hago escribiendo esto. Vale, sí, según la terapeuta es la mejor forma de no acabar chiflado después de ver lo que vemos día a día. Esto es Bakunin… ¿De verdad esperan que no acabemos todos medio locos? No se yo si dejar de ser un Moderador… Para colmo lo de hoy ha sido… como mínimo, extraño.

Día de patrulla normal, hoy tocaba el módulo de Montblanc… un lugar lleno de hackers y paganos. Lo cierto es que no es un mal sitio, no suele haber problemas, o por lo menos no demasiados. Y allí estaba yo, con mi fusil combi al hombro andando por esas calles… si se pueden llamar así a los amplios pasillos de una nave. Dicen que en los planetas se está bien, pero vivir en el espacio, tiene esa especie de libertad intrínseca del espacio vacío. Ahora que lo pienso, no se porque me dirigí a aquella zona en concreto del módulo, por lo general no entra en ruta. Ya sabes, debe ser una cosa de esas, como la llaman, ¿sexto sentido? Pero bueno, por donde iba, que al final este archivo va a pesar demasiado, me dirigí, sin saber por qué a una zona fuera de ruta. Al llegar allí empezó todo.

Gente corriendo, sangre, ruinas y más gente corriendo. Entonces usé este maldito cacharro para enviar un aviso. Necesitaba refuerzos… si no los tenía las cosas iban a ir mal. Muy mal. Me dirigí rápidamente hacia la zona que la gente intentaba evitar corriendo en dirección contraria. Al llegar allí no me creía lo que mis ojos estaban viendo: un maldito Equipo Táctico Acorazado, un jodido TAG lo estaba destrozando todo. No reconocía el modelo, pues solo había estado cerca de nuestros anticuados Lizard, y este era más grande, más pesado, y con mucha más mala hostia. Tenía, escrito en rojo, sobre sus chapas amarillas la palabra D·R·A·C… sigo sin saber que narices significan esas siglas… luego lo buscaré.

Como te iba contando, mi pequeño Comlog, allí estaba yo, viendo como esa bestia mecánica echaba a perder un día de los más tranquilo, y como no, tomé la estúpida decisión de hacerme el héroe. Justo cuando estaba apunto de llevarse por delante a una joven rubia que, al contrario del resto de gente, no huía en dirección opuesta a la catástrofe, cogí a mi amigo Horse, este pequeño fusil combi blanco en el que he estado trabajando, y disparé una ráfaga entera a su estructura amarilla. Sabía que no iba a hacer nada, pero tenía que ganar tiempo y llamar su atención. Primer error: no cabrear nunca a una máquina que te triplica en tamaño.

Pensaba que su piloto empezaría a insultarme, y vendría hacia a mí, ¿Qué haría otra persona cuando se le dispara? Aquí esta el Segundo error: pensar que esa cosa estaba tripulada. La máquina se giró, miró hacia mí y en ese momento lo lamenté. Ver una carga de esas cosas es algo espectacular. Se lleva por delante todo lo que hay en su camino, no importa de que jodido material esté hecho, sencillamente, lo ignora y sigue su camino. En ese momento lo tuve claro: sigue disparando, Jorge, pero no en el mismo sitio. Parecíamos el ratón de laboratorio contra un gato montés, pero aún así, conseguí zafarlo en un par de ocasiones cubriéndome con los escombros que había hecho él mismo. Entonces sonaste tú, pequeño Comlog, eras mi salvación, aunque no como yo me esperaba.

Recibí un mensaje entrante, pero no de quién debía ser. Lóngkhi, dijo que se llamaba. Era una de esas locas, de esas fanáticas de la Observancia. Una Reverenda Custodia. Nunca había visto uno, y de verdad, son aterradoras hasta la médula. Yo tenía suficiente con alguna de las Moiras con las que me había encontrado en alguna misión, pero esta daba aún más miedo. No parecen humanas. Pero me concentré en las órdenes que me había dado, parecía que tenía un plan, de lo que me alegré. Además era sencillo, solo tenía que conseguir disparan una de las cargas de munición de Marcador que nos obligan a llevar desde el Entreacto Violento. El problema era que tenía que cargarlo y sobrevivir mientras disparaba, y por otro lado, tener en cuenta que seguían quedando civiles en la zona. Todo eso para no se sabía el qué.

Me decidí a hacerlo, cargué lentamente la munición. Esperé a que dejara de disparar su ráfaga de munición que tenía pinta de doler mucho. Empecé a correr hacia otro lugar con más cobertura, las ruinas de lo que parecía una holopantalla gigante de publicidad. Empezó a disparar, y me dio en la maldita pierna, por suerte un rasguño, y si, dolía mucho pero seguí corriendo hasta el final de la cobertura, y el siguió disparando en mi dirección. Tocaba lo difícil, arrastrarme hasta el otro extremo, sin que me viese. Hecho. Entonces asomé solo el cañón del fusil combi. No hubo reacción. Bien, eso es que no me ha visto. Apunté al suelo, justo en su pierna. Respiré hondo, y mi dedo presionó el gatillo. El D·R·A·C se giró y empezó a disparar justo en el momento en que yo saltaba hacia un lado. Adiós a Horse. Maldito bicho. Tenía la esperanza que hubiese sido por algo, que esa tal Lóngkhi supiese que se hacía.

Entonces dejé de escuchar disparos. Solo pasos. Pies que se iban incrustando en el suelo donde pisaban. Lo tenía justo ahí, al otro lado de mi frágil cobertura. Cerré los ojos, dispuesto a morir. Recé a cualquier dios que quisiera escucharme. Solo ahí una cosa. La maldita voz de Lóngkhi diciendo que todo había sido un éxito. Entonces me levanté de un salto, ignorando la punzada de dolor que empecé a sentir y todo cobró sentido.

A un lado, estaba Lóngkhi, con la chica rubia esposada entregándosela a un grupo de Moderadores. Justo detrás de ella, un robot que reconocí al instante. Era un Salyut Zond, con un nombre pintado en la chapa trasera, RoSe. Sabía que lo hackers podían hacer virguerías con ellos, pero no poseer a un TAG con tanta rapidez. Para eso necesitaban el Marcador bien situado, para que Lóngkhi pudiese hachearlo a través de ahí. ¡Podrían haberlo dicho!

Esta tarde, en la enfermería, me he enterado de que la chica rubia es una tal Princesa, una hacker bastante famosa por imbuir con IA sus remotos. Esta vez estaba trabajando en una IA en un TAG, pero se salió de madre, y la IA tomó ideas propias. Ahora esta en la cárcel. A la gente de la Observancia no le gustan demasiado las IA independientes. Quizá algún día vaya a verla a su celda, después de todo era bastante mona.

Bueno, Comlog, te voy a dejar ya, que este archivo, como decía pesa ya demasiado. Corto y cierro.

[Guardando Archivo de holovideo]
[Comlog status: Offline]