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Aventuras en el valle de Nentir - Partida III

...Nurtar no insistió en el asunto de los kobolds, pero el ver que la mayoría del grupo no emplearon ningún tipo de tortura física o mental para interrogar a los kobolds cautivos, se quedo sorprendido.

Con que clase de cabezas vaciás se había juntado, pensó para si, ese tipo de gente era buena como posibles victimas de estafas pero no como aliados con los que guardarse las espaldas, posiblemente acabaría muerto a manos de los kobolds si seguía con esos elementos, por no decir que la organización en combate no fue muy brillante, todas esas ideas se mezclaban en la mente del humano, que tras finalizar el interrogatorio "el cual no dio grandes frutos debido a la poca inteligencia de los kobolds capturados" reunió avisó al grupo de que no le gustaban sus maneras de proceder, así que prefería ir por su cuenta, dicho eso Audak que había conocido al grupo casi al mismo tiempo que el le intento convencer de lo contrario,un acto inútil, o eso pensó el brujo ya que en realidad el Eladrín aprovecho la conversación y los "abrazos de despedida", los cuales acabaron de convencer al brujo de que debía de abandonar a esos locos santurrones, para robar parte del dinero del arcano... Nurtar había abandonado la aventura con el grupo, pero algo les decía que antes o después se encontrarían con el brujo, pero dudaban si seria como amigo o como enemigo...

El grupo había perdido un miembro, tenia tres cautivos atados y amordazados tras empezar a oír sus constantes quejas, una daga encantada. Tras un pequeño descanso para reponer las fuerzas tras el estresante combate Linzor y Audak salieron a las afueras de la cueva y dejaron a los kobolds colgados de la rama de un árbol, los kobolds estaban bien atados, así que estaban convencidos de que no escaparían fácilmente, tenían suerte, los kobolds no habían emprendido una represalia contra el grupo mientras estos descansaban y dejaban a los presos a buen recaudo. Con algo de dificultad Linzor logró escurrirse entre los barrotes de la verja que había

tapando el camino hacia el interior de la cueva, en el pasadizo encontró una palanca pero unas motas de hollín que había cerca de ella hizo que se pusiese tenso, no iba a usar esa palanca bajo ningún concepto así que llamo a Pendaran, el deva parecía protegido por su dios si había una trampa Linzor consideró que seria un mejor blanco para esta que su propia persona. Pendaran al oír la petición del felino para usar la palanca lo encontró extraño, pero tampoco sospechó de este, su valiente pero no muy inteligente jugada contra los kobolds de la entrada le hacia pensar que era alguien de fiar, aunque algo inconsciente, ya que les había dado una victoria fácil así que uso la palanca.

Linzor se aparto rápido del deva ya que no esperaba que aceptase tan alegremente su petición y esperaba algún tipo de explosión de fuego o algo similar pero lo único que sucedió fue que el rastrillo del pasillo se abrió permitiendo que el resto del grupo avanzase.

El templo de Tiamat

El pasillo daba a una escaleras echas de piedra grisácea con fragmentos plateados en su interior que se reflejaban a la luz de las antorchas, y que acababan en una estancia oscura echa del mismo material y con grabados de dragones y esculpidos en ese material, los grabados estaban tallados finamente y parecían cobrar vida con el reflejo de la luz y las sombras que producían las antorchas... La escena maravilló a Audak y a Pendaran ya que no esperaban encontrar una obra de arte tan hermosa en un templo dedicado a una diosa tan maligna como Tiamat. Linzor aprovechándose de la poca luz que bajaba por las escaleras desde las antorchas que transportaba el grupo observó la parte en penumbra de la sala, vio dos ataúdes antiguos y unas hendiduras en las paredes norte y sur donde habían armaduras polvorientas y medio corroídas por la humedad que parecían guerreros custodiando el descanso eterno de los cadáveres dentro de las tumbas, sigilosamente empezó a avanzar y se escondió tras uno de los ataúdes hizo una señal a los demás para que esperasen y siguió avanzando cuando revivió un virote que provenía de una ballesta oculta en el visor de una de las armaduras, acto seguido le llovieron piedras las cuales esquivó como pudo, el grupo que escuchó los gemidos de dolor del shifter avanzó torpemente para enfrentarse a una pequeña vanguardia de cuatro kobolds mientras les llovían las saetas de las otras trampas distribuidas en las estatuas de la sala, tras un angustioso combate finalmente lograron derrotar a los pequeños y escurridizos reptiles

Audak recibió la peor parte, recibiendo heridas importantes que fueron sanadas por Obsidian. Ninguno lo había hecho muy bien pero de alguna manera habían logrado sobrevivir, ese combate les había enseñado una importante lección, no debían confiarse por débil o pequeño que pareciese el enemigo. Al fondo de la sala encontraron un altar de donde Pendaran encontró una bolsa con algunas piezas de oro, posiblemente una ofrenda para Tiamat, un dios tan maligno no merecía esa ofrenda así que sin ningún tipo de remordimiento las cogió para compartirlas con sus compañeros.

Zeridan por su parte examinaba perplejo una de las espadas que portaban los kobolds, era demasiado grande para que estos la usasen con una sola mano y todo guerrero, mágico o no sabía que las razas pequeñas, incluido los kobolds suelen preferir armas mas ligeras para el combate para así aprovechar mejor la agilidad que les da su tamaño, la examino con detenimiento, su empuñadura estaba gastada y la hoja tenia restos de oxido posiblemente estaba en el templo abandonado antes de la llegada de los koblds. Con un golpe severo contra el suelo este salto con facilidad, mostrando un filo afilado con una runa grabada en su centro antes tapada por el oxido, Al verlo Audak, Pendaran y Obsidian se acercaron a Zeridan para mirar la runa de la espada, era una runa de encantamiento, el tiempo había hecho que la espada perdiese gran parte de su poder pero este aun no se había extinguido del todo, seria una buena ayuda para los próximos combates. Tras ver que no se dejaban nada y quitarse de encima la tentación de profanar las tumbas en busca de mas tesoros decidieron avanzar hacia la próxima sala del templo cuando empezaron a oír unos ruidos extraños, seguidos de risas.

Al oír las risas Obsidan se enfadó, los kobolds estaban seguros de ganar y perdían su tiempo jugando en vez de ir a por ellos, no podía permitirlo, el grupo logro calmarlo con dificultad. Cuando entraron en la nueva sala vieron mas ataúdes, pero estos estaban destrozados, como de costumbre Linzor avanzó primero intentando ser sigiloso pero una enorme bola de metal echa con el cadáver de otro de los antiguos compañeros de Zeridan lo golpeó empujándolo contra la pared al ver lo que sucedía el grupo empezó a avanzar para intentar llegar a una posición donde no les pudiesen golpear con el cadáver pero uno tras otro fueron golpeados con el este hasta que Obsidian harto y furioso golpeo la cuerda rompiéndola y haciendo caer al suelo el putrefacto cadáver, los kobolds que arrojaban al infeliz no fueron una gran amenaza, pero su mascota protectora, una especie de reptil grande como una persona no fue tan simple de derrotar, las risas habían parado pero ellos estaban exhaustos, ante ellos había una puerta doble que separaba el piso superior de la sala desde donde los kobolds les atacaron. Dudaban en avanzar ya que si había mas enemigos en la zona eso podría ser su fin...